viernes, 31 de octubre de 2014

El Límite, Mi Fin

-Mírate, no eres nadie ...- dijo ella con rencor. Al no recibir respuesta alguna, resignada, dio la vuelta y se dirigió al baño.
Podia esperar esas palabras de cualquier persona, pero no de ella, no lo aceptaba y me negaba a hacerlo.
Sentía odio.
Odio hacia todo lo que en realidad amaba, estaba segado, definitivamente ciego al amor que sentía por ella, a mis celos, a la mujer que me había hecho feliz, a la que me había traicionado.
Comenzó a invadirme el odio y el rencor, cada vez mas y mas, no podía controlarme.
Por esa razón tome la decisión. Iba a matarla.
Si ella no podía ser feliz conmigo, no lo seria con nadie.
Fui a la cocina y tome una cuchilla, la mas afilada que tenia.
Ella aun no había salido del baño, ese lugar donde siempre se encerraba y lloraba después de cada pelea, pero esta era la ultima, la ultima para los dos.
Camine hacia la habitación y me senté en el borde de la cama, estoy decidido a hacerlo, nunca pensé que mi amor hacia ella, pudiera hacerme llegar al hasta el límite, pero lo hizo.
De repente escuche el  ruido del cerrojo de la puerta girando.
Me puse de pie y fui hacia ella con el arma en la mano. Quede de frente hacia ella, con casi tres metros de distancia, ella clavo la vista en mi arma y luego en mis ojos.
Sus ojos eran de un azul intenso, fríos, pero a la vez tan cálidos, llenos de odio pero con cierto temor. Me dirigí hacia ella, con paso lento pero decidido. Ella solo se limito a mirarme. Quise tomarla del brazo pero ella no me dejo, comenzamos a forcejear un buen rato, pero ella ya estaba cansada, entonces la tome del cuello clavándole las yemas de mis dedos en él y la sujete contra la pared.
La presionaba lo suficiente para dejarla inmovilizada pero no tanto como para asfixiarla. Levante el arma con el que iba a ejecutarla, la coloque en su cuello y por ultima vez la mire a los ojos.
Estaba destrozada.
Que estaba haciendo me pregunte, este no soy yo, había perdido el control.
Ese odio, ese rencor se había apoderado de mi.
En ese momento me empezó a invadir una ola de recuerdos. Luego me di cuenta que habían comenzado a descender algunas lagrimas por mi rostro.
Iba a matar a la única mujer que había amado.
La única que me había enseñado lo que es el amor, la única que me había amado, la que por un tiempo me había hecho el hombre mas feliz del mundo. A aquella mujer iba a matar.
No podía hacerlo, yo a pesar de todo la amaba, estaba cegado por el rencor pero no era solo su culpa, también era la mía.
Retire la cuchilla afilada de su cuello y la arroje hacia un costado.
Luego abrí mi mano y la solté.
Ella cayo al suelo de rodillas, se puso de pie y se dirigió hacia la puerta, cuando llego, ella volteo, me miro y me dijo:
-Lo siento ...- bajo la mirada y salio por esa puerta. Esa puerta por la nunca volvería entrar, yo lo sabia.
Ella jamas regresaría, esa era la ultima vez que la volvería a ver.
Me dirigí nuevamente a la habitación, me senté en la cama, junto a mi mesita de luz.
No podía, no podía asesinarla, ella era ese ángel cruel que le daba sentido a mi vida, pero ya no, ya no era nada, solo un recuerdo, algo que flotaría por siempre en mi mente.
Ella seguramente podría vivir sin mi.
Pero yo no.
Yo no iba a aceptar vivir sin ella, no iba a hacerlo, ni ahora, ni nunca, me niego rotundamente a aceptarlo. Por esa razón, abrí el ultimo cajón de mi mesita de luz, metí la mano hasta el fondo y saque un arma. No pude matarla, pero tampoco tengo el coraje de matar el amor  que siento por ella.
Juré amarla, jure protegerla, jure nunca hacerle daño, pero aun así no cumplí.
La lastime, la lastime de manera que jamas las cicatrices que le deje podrían ser sanadas y me arrepiento de haberlo hecho, pero no hay marcha atrás.
Ya no.
Este es el fin, mi fin.
Coloque el arma a un costado de mi cabeza, recordando quien era ella y quien fui yo.
Y tire del gatillo.

Atte: #Brenda.

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