martes, 14 de octubre de 2014

Oscuridad

La tormenta se avecinaba, lo único que veía era la titilante luz de una vieja farola. No sabía como había llegado allí, solo sabía que quería escapar del mundo, quedarme sola por un momento, así que había corrido lejos al salir del colegio y había corrido hasta que el Sol se escondió. Ahora me encontraba sola en un barrio abandonado, caminando por aquella sombría calle. Seguí hasta que la vi, la enorme gata negra que alimentaba mis peores pesadillas. Me dí la vuelta y aligeré mi paso, pero no sabía donde me había metido, no podía encontrar la salida de aquel barrio fantasma. La desesperación inundó por completo mi cuerpo, sentí el sudor frío recorrer mi frente, mi pulso se aceleraba a cada paso que daba, algo me decía que nada terminaría bien. De repente, sentí un dolor agudo en la nuca, me dí la vuelta algo atontada por el golpe y alcancé a ver a una hermosa mujer de ojos felinos, cabello y ropa negra, sostenía una roca de gran tamaño, ella tenía un destello de malicia en la mirada y una sonrisa traviesa de dientes puntiagudos cruzaba por su cara. Caí sobre la calle, estaba apoyada sobre mis manos y rodillas, la miré por última vez antes de que todo se volviera silencioso de repente. Oscuridad, eso fue lo último que vi, completa y vacía oscuridad.


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