Hoy soñé con ella.
No
es la primera vez que lo hago. En las últimas seis semanas he estado teniendo
los más maravillosos sueños que un adolescente de 15 años pudiera tener con la
chica que le gusta.
Ella
en verdad me gusta. Es tan diferente, diferente a mi mundo, a las chicas de su
edad, diferente a lo diferente. Siempre creí que no había persona única en el
mundo, pero ella si lo es. No hay nadie igual.
Los
sueños que tengo con ella son letárgicos, hermosos, sutiles, muy delicados,
dulces, intensos.
Siempre
me levanto tieso, sin ganas de moverme, deseo poder seguir en el sueño. Pero la
realidad me llama y no es para nada mala, porque en mi realidad está ella lo
que hace a la realidad perfecta como a los sueños.
Ella
es alta, melena castaña, larga y ondulada. Tiene mi edad, su piel es suave como
la de un bebé. Se ruboriza muy fácil, la sonrisa que tiene es sincera, pura y
de pura felicidad.
Los
labios, dios, sus labios, carnosos y fáciles de besar, de un color rosado casi
lila. Tiene pestañas largas.
Los ojos son de
color té, le brillan siempre, como si la felicidad que posee fuera infinita.
El mentón es redondeado,
al igual que su cara seráfica y su vientre. En la mejilla derecha tiene un
lunar que la hace lucir sexy, más de lo que ya es. Tiene unas piernas hermosas.
Es perfecta.
Me
pregunto siempre lo mismo ¿Cómo es que una chica tan perfecta llegó a fijarse
en mí?
Recuerdo
la primera vez que soñé con ella... fue el mejor sueño que Morfeo pudo haberme
enviado.
Ella estaba parada en un puente en el mejor
atardecer del mundo, un haz de luz dorada le iluminaba el sutil y tierno rostro.
Vestía un jean blanco y un buzo canguro del mismo color. Al verme llegar me
sonrió como si me esperara, como si supiera que iba a llegar.
Cuando estuve a su
lado, estiró la mano y yo gustoso se la tomé y entrelacé nuestros dedos. No
pude resistirme más y le bese la mano. Con su otra mano ella acarició su piel que
había sido recién besada, sujetó mi rostro con delicadeza y me besó. Fue el
mejor beso del mundo, en el mejor atardecer del mundo.
Luego comenzamos a
caminar tomados de la mano hacía el atardecer. En todo el camino ella no se
corrió de la luz, siempre estuvo parada allí, en la luz.
Ahora
camino por la vereda. Hay nieve en el suelo, hace frío. Mis manos están en los
bolsillos de mi campera rompe-vientos negra, por suerte tengo guantes. Exhalo
por la boca y sale el típico vapor que nos sale cuando hace frío, el mismo
vapor con el cual cuando éramos niños jugábamos fingiendo fumar.
Al
final llego al lugar, al puente, voy hacía él y tomo asiento en un banco, antes
lo limpio quitándole la nieve. Anoche nevó y ahora hay nieve por doquier.
Me siento ahí y me
sumerjo en mi extraño mundo de ensueños, sueños, realidad, amor, amistad,
felicidad y esperanza. Sonrío, me encanta esto. El sol se está poniendo, pronto
serán las seis de la tarde.
Miro
por donde vine y la veo venir hacía mí con la luz del sol alumbrando su cara.
Sus labios están curvados en una media sonrisa, sus mejillas están sonrojadas
por el frío, el gorro de lana color borgoña cubre su cabeza, el pelo lo tiene
suelto.
Lleva una campera
parecida a la mía y guantes negros como los que llevo. Un jean azul oscuro y
botas de cuero color chocolate. Se ve preciosa. Ni una princesa ni un hada, ni
un ángel, menos una diosa, ella simplemente es ella.
Llega
al lado mío y estira la mano para que se la agarre. Y eso hago. Me quita el
gorro negro con su otra mano y deja caer mi cabello azabache que esta algo
crecido. Le sonrío y le doy un beso.
–Vamos–
dice–. Nuestros amigos nos esperan, hay que festejar la navidad lo mejor
posible, y que mejor que estar con amigos, ¿No lo crees? –. Asiento.
–Claro
que lo creo –respondo –. Y mucho mejor si estoy contigo.
Comenzamos
a caminar hacía al atardecer, como en mi sueño.
Estoy
tomado de la mano de la chica, ella es la chica con la que sueño, la que
siempre camina en la luz, la perfecta demostración de felicidad, luz, amor y
esperanza.
Tomado
de la mano, de mi novia, la chica de mis sueños (literalmente), la chica que está
y estará siempre parada en la luz. Siempre estaremos en la luz con esperanza.
Para:
Emma Luana Magalí Morel Fernandez, quien camina en la luz.
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